Entre una lectura y la siguiente siempre dejo pasar unos dĂas. No porque me falten libros por leer, sino porque todavĂa necesito quedarme un rato en el que acabo de cerrar. Antes de elegir otra lectura necesito recomponerme.
Ese tiempo forma parte de la lectura. Vuelvo a una página que habĂa subrayado, recuerdo una conversaciĂłn, intento entender por quĂ© un personaje o una frase siguen ocupando un lugar en mis pensamientos. Solo cuando el libro ya está cerrado empiezo a comprender todo lo que me ha dejado.
Es entonces cuando siento la necesidad de escribir. No para prolongar la lectura, sino para entender quĂ© ha dejado en mĂ. Por eso escribo estos Cuadernos de lectura.
No escribo para contar de qué trata un libro ni para decir si me ha gustado más o menos. Escribo para descubrir por qué esa lectura ha encontrado un lugar en mi vida. Qué me ha hecho pensar. Qué me ha permitido comprender. Qué tiene la escritura de un autor para seguir escuchando su voz cuando ya he cerrado el libro.
Cada cuaderno termina con Al cerrar el libro…, un espacio para volver sobre aquello que permanece cuando la lectura ha terminado, y con La crĂtica ha dicho…, una invitaciĂłn a seguir la conversaciĂłn a travĂ©s de otras voces que amplĂan la mirada sin agotarla.
Cuando termino de escribir este cuaderno, sé que ha llegado el momento de buscar la siguiente lectura.


