A veces tengo la sensación de que hacerse mayor no tiene tanto que ver con vivir más,  sino con aprender a vivir mejor. Llega un momento en que algo cambia en uno: ya no estamos corriendo detrás de todo como antes. Empezamos a elegir más —los ritmos, las conversaciones, las batallas que realmente valen la pena— y también aprendemos a valorar la pausa, el silencio, incluso el derecho a decir que no.

Claro que el paso del tiempo no viene solo con calma o claridad. También aparecen dudas, turbulencias de todo tipo y hasta miedos. Miedo a que nos miren distinto, a que dejen de preguntarnos qué pensamos, a que alguien empiece a hablarnos más despacio, o a decidir por nosotros cosas que siempre supimos decidir solos. Y sin darnos cuenta, sentimos que los años empiezan a pesar más en la mirada de los demás, que la historia que llevamos dentro. De las primeras señales está cuando lo empiezan a tratar de Ud.

Y sin embargo, hay algo profundamente valioso en todo ese recorrido. La experiencia, los aprendizajes, las caídas que nos enseñaron a levantarnos, la libertad de elegir dónde ponemos la energía. Tal vez el desafío no sea ganarle tiempo al tiempo… sino aprender a habitarlo con más conciencia, con más serenidad y con la certeza de que seguir creciendo no tiene fecha de vencimiento.

En nuestro episodio Hacerse mayor: vivir mejor, no hablamos solo de la edad como problema sino de cómo nos hacemos mayores. De cómo cuidarnos, no para sumar años, sino para vivirlos mejor. Porque llega un momento en que el foco cambia.
Ya no se trata tanto de correr, sino de elegir. Elegir ritmos. Elegir batallas. Elegir dónde poner la energía. Y también defender algo muy básico: la posibilidad de decidir sobre nuestra propia vida.

Escuchamos un episodio del Podcast Las edades de Millás, titulado Los consejos de Manuel Vicent a Juan José Millás para ser un viejo soleado, dentro del programa radial de La Cadena Ser, A vivir que son dos días, dirigido por Javier del Pino.

En este episodio, Javier conversa con Juan José Millás sobre el deterioro progresivo de todo. Invitan a Manuel Vicent para que aconseje a Juanjo sobre cómo pasear por la década de los 80 para llegar a los 90 como un buen viejo.

La vejez como territorio desconocido. Esa idea de la vejez como un territorio nuevo. Como algo que no se domina del todo, aunque se venga caminando desde hace años. No desde el miedo necesariamente, sino desde la curiosidad.

En Cronofobia (Arpa Editores), Sergio C. Fanjul se adentra en la ansiedad contemporánea por el tiempo y en la sensación permanente de llegar tarde a todo. A través de crónicas urbanas, experiencias personales y referencias culturales, retrata una sociedad atrapada en la prisa, obsesionada con la productividad y atravesada por tecnologías que fragmentan la atención y convierten cada minuto en rendimiento. El libro observa cómo esta aceleración moldea nuestras ciudades, nuestras relaciones y nuestra manera de pensar, mientras reivindica el paseo, el ocio improductivo y la lentitud como pequeños actos de resistencia frente a la tiranía del reloj. Más que ofrecer recetas, propone mirar el tiempo desde otro ángulo: no solo como algo que se mide y se gestiona, sino como una experiencia que se habita.

Escuchamos la entrevista que le hizo Jaime en su programa de radio Sábado Sarandí

Pero esa forma de estar en el mundo no depende solo de uno. También tiene que ver con cómo nos miran. Ahí entra La edad bajo sospecha: Una crítica al edadismo y las edadofobias (Catarata). Un ensayo de Teresa Moure que cuestiona de forma profunda cómo la sociedad construye y utiliza la edad como etiqueta social. En lugar de verla únicamente como un dato biológico, la autora la presenta como un mecanismo de clasificación y control social similar en su función al género o la raza, capaz de producir estereotipos, prejuicios y formas de discriminación que afectan a todas las etapas de la vida, no solo a la vejez.

Moure explora cómo expresiones cotidianas (“tiene la crisis de los cuarenta”, “ya no tiene edad para eso”) refuerzan ideas rígidas sobre lo que se espera de cada grupo etario, y cómo detrás de ello se esconden usuarias etiquetas sociales que limitan la identidad y la experiencia de las personas. Critica la forma en que la edad suele verse como una línea temporal fija con etapas bien definidas, proponiendo en cambio repensar esas categorías para abandonar los prejuicios que aíslan o desvalorizan a los individuos según su edad.El libro combina análisis sociológico con una mirada crítica sobre las nociones culturales de juventud, madurez y vejez, invitando a cuestionar y desmantelar las limitaciones que impone el edadismo y las diversas formas de edadofobia en nuestra vida cotidiana.

Hablamos mucho de lo que se pierde. Y poco de lo que se gana. La experiencia. La perspectiva. La paciencia. La capacidad de elegir mejor.
De decir que no. De entender que no todo es urgente.
Cada año suma capas. Y a veces la lentitud es una forma de profundidad.

Tal vez el desafío no sea evitar envejecer. Tal vez sea necesario aprender a hacerlo con dignidad. Con cuidado propio. Y con respeto por la voz de los otros. Entender que hacerse mayor no es desaparecer, es habitar el tiempo de otra manera.

MAPA CULTURAL

Ícaro, de Daniele Finzi Pasca, es un susurro escénico que se convierte en vuelo. Una pieza íntima y delicada que transforma el teatro en un encuentro cercano, casi confidencial, donde el público deja de ser espectador para convertirse en cómplice. Desde un espacio de encierro —real o imaginado— emerge una historia tejida con humor, ternura y una profunda fragilidad humana.

Inspirada libremente en el mito clásico, la obra no habla tanto de caer como de atreverse a volar. A través del lenguaje del clown y de una poesía escénica minimalista, Finzi Pasca explora los sueños que nos sostienen, las heridas que nos moldean y la necesidad universal de imaginar horizontes más amplios que nuestras propias paredes.

Más que una representación, Ícaro es una experiencia compartida: un instante suspendido entre la risa y la emoción, entre la memoria y el deseo, que nos recuerda que incluso en los lugares más pequeños habita la posibilidad de elevarnos, aunque sea por un momento, hacia algo parecido a la libertad.

MESA DELICATESSEN

¿También regalas dulces? | Francesc Fusté-Forné

Durante todo el año, pero aún más durante períodos festivos, es costumbre regalar dulces. Es habitual que cuando vamos a comer a casa de familiares o amistades durante el período navideño, llevemos, por ejemplo, algún turrón, el dulce típico español en forma de tableta, hecho de frutos secos tostados y mezclado con miel y azúcar.

BOTELLA AL MAR

En La Tercera Orilla estamos muy contentos con la acogida que hemos tenido en el comienzo de la nueva temporada.

Queremos recoger aquí una muestra de los mensajes que nos habéis hecho llegar, a través de las diferentes plataformas y redes sociales, con las respuestas a la pregunta que hicimos en el anterior episodio. Han sido muchos y nos sentimos agradecidos de corazón. Nos dais impulso para seguir transitando este mundo inventado.

  • Raquel: Me encanta leer, es superarse a sí mismo. Con un libro, viajás, aprendiste historia, intentaste comprender el mundo en que vivís, y seguís sin entenderlo. La ficción me atrapa, cuando hay buen contendido. Sigo autores que a través de los años no me defraudan y un sin fin de motivos para tener siempre un libro entre manos. Gracias amigos caminantes. ¡Seguiré con ustedes en esta tercera temporada! ¡Saludos!
  • Maguzy: Leer todos los días, al menos media hora, es como meditar!!!!!.Abrazo 🧉
  • Carolita: ¡Cómo disfruté este podcast! Gracias. Conmovida con Idea. Gracias
  • Maritza: Para mí, leer no es un acto de consumo de información, es un proceso de iniciación y decodificación. Es placer, curiosidad, me permite atravesar velos de lo aparente para comprender las estructuras profundas.
  • Magdalena: Leemos porque leer nos enseña, nos evade, transporta, nos hace vivir otras vidas, mejorar la nuestra, leemos porque es un placer difícil de describir que solo se entiende si lees. Leemos porque un día alguien que nos quiso tanto nos inoculó la importancia y necesidad de leer
  • Gea: La lectura contribuye a convertir a la especie » humana » en persona. Siempre que sea lectura para dignificar a la especie. A la vez, es una forma precisamente de eso, de la formación del conocimiento y la sabiduría. Tan escasa en estos tiempos que estamos viviendo.
  • Teresa: Leer es una de las aficiones que consigue estremecerme, unas veces leo para conectar con el mundo, otras para desconectar de él…
  • Carlos: Leer es deporte y bienestar para cuerpo y alma!
  • Álvaro: se lee para entender y enterdernos somos materia humana disforme
  • Arabyhela: Enhorabuena por esa nueva temporada ✨ Y, contestando a por qué leo : para aprender, para escribir mejor, para nutrirme de historias ajenas, para despejarme, para emocionarme, para viajar y para conversar sobre esas lecturas. Un abrazo de una caminante que os escucha mientras pasea a su perrina🐶
  • Leoytecomparto: Con muchas ganas de escuchar la nueva temporada, felicidades. Yo leo para viajar y conocer otros lugares, para vivir otras vidas y para entretenerme. Y sobre todo leo porque me interesa mucho conocer otras culturas y otros puntos de vista de algunos hechos históricos.
  • Gueveracrea: Espacio generoso e interesantisimo. Recomiendo totalmente. Leo para existir. Abrazo!
  • Lucyazapian: Leo para conocer , aprender , distenderme y disfrutar del contenido de un libro , me encanta imaginarme los personajes , los ambientes y me resulta muy gratificante. Como me uno al canal y en qué consiste ?
  • Vpercivale: Por qué leo? No lo sé. No imagino vivir sin un libro » objeto». Lo hago desde niña, aprendí hacerlo en el catálogo del London París. Es parte de mi.
  • Altinanahum: Buenísimo! Gracias!!! Leo porque me produce placer!
  • Marcoclaudiade: Leo para echar a volar mi mente guiada por las historias del escritor… es como vivir vidas extras…emocionarme experimentar viajar en tiempo y espacio… un momento íntimo que me llegó tal vez un poco tarde pero bienvenido libros!!!!@
  • Marielaiza66: Leo por muchos motivos. Para aprender, para entretenerme, para conocer otras realidades. Para entender este mundo tan complejo. Gracias!!
  • Marianariodopico: Recién conociéndolos y a Jaime lo sigo donde sea.
  • Mmarsalvioli: Para no tener que responder ni por qué ni para qué, para dar la bienvenida a las preguntas, para hacerme humana
  • Carmen.mangini75: Leo para disfrutar de un momento conmigo y poder imaginar junto al autor
  • Unauruguayacualquiera: Hoy leo para sobrevivir a la locura, a la crueldad y a la indiferencia. Leo para sobrevivir a la decadencia moral y a la posverdad. Leo porque cuando todo se derrumba y se vuelve distópico no queda otra que apoyarse en hombros de gigantes. Un abrazo y todo el éxito posible para ti y quienes participan de este proyecto.
  • Marianacasaresagustini: Leo para habitar otros mundos, para ser otras personas, vivir en otros tiempos, otras tierras. Leo para descansar de mi. Leo para dibujar imágenes que no veo. Leo para vivir. Leer es estar de vacaciones en medio de una rutina. Leo para encontrar amigos y amigas del alma, para sentirme acompañada en cosas que no me animo a confesar
  • Rosario: Leo para aprender más, por diversión, busco datos de autores, no me guío por premios

León Felipe fue un poeta profundamente humano, de palabra clara y honda, capaz de convertir la experiencia personal y el dolor del exilio en una voz universal. Nacido en España y marcado por los caminos que lo llevaron lejos de su tierra, escribió con una honestidad que todavía conmueve por su fuerza y su sencillez. Su poesía habla de la dignidad, de la búsqueda interior y de la necesidad de seguir preguntándonos por el sentido de la vida y de la libertad.

Y hemos elegido su poema Qué lástima en la voz del gran Héctor Alterio, uno de esos actores que no solo interpretan personajes, sino que los habitan con una humanidad que deja huella. Nacido en Argentina y profundamente vinculado también a España, su voz y su mirada han acompañado a varias generaciones a través del cine, el teatro y la televisión. Con una trayectoria inmensa y siempre viva, Alterio representa la experiencia, la sensibilidad y esa forma serena de contar la vida que solo dan los años y el oficio.

¡Qué lástima!, de León Felipe

Para Alberto López Argüello

¡Qué lástima
que yo no pueda cantar a la usanza de este tiempo
lo mismo que los poetas que hoy cantan!
¡Qué lástima
que yo no pueda entonar
con una voz engolada esas brillantes romanzas
a las glorias de la patria!
¡Qué lástima
que yo no tenga una patria!
Sé que la historia es la misma,
la misma siempre, que pasa
desde una tierra a otra tierra,
desde una raza a otra raza,
como pasan esas tormentas de estío
desde ésta a aquella comarca.
¡Qué lástima
que yo no tenga comarca,
patria chica, tierra provinciana!
Debí nacer en la entraña en la estepa castellana
Y fui a nacer en un pueblo del que no recuerdo nada:
pasé los días azules de mi infancia en Salamanca,
y mi juventud, una juventud sombría, en la montaña.
Después… ya no he vuelto a echar el ancla
y ninguna de estas tierras me levanta ni me exalta
para poder cantar siempre en la misma tonada
al mismo río que pasa rodando las mismas aguas,
al mismo cielo, al mismo campo y en la misma casa.
¡Qué lástima
que yo no tenga una casa!
Una casa solariega y blasonada,
una casa en que guardara,
a más de otras cosas raras,
un sillón viejo de cuero, una mesa apolillada
y el retrato de un mi abuelo
que ganara una batalla.
¡Qué lástima que yo no tenga un abuelo
que ganara una batalla, retratado
con una mano cruzada en el pecho,
y la otra mano en el puño de la espada!
¡Qué lástima
que yo no tenga siquiera una espada!
Porque… ¿qué voy a cantar
si no tengo ni una patria,
ni una tierra provinciana,
ni una casa solariega y blasonada,
ni el retrato de un mi abuelo
que ganara una batalla,
ni un sillón viejo de cuero,
ni una mesa, ni una espada?
¡Qué voy a cantar si soy
un paria que apenas tiene una capa!

Sin embargo…
en esta tierra de España
y en un pueblo de la Alcarria
hay una casa en la que estoy de posada
y donde tengo, prestadas,
una mesa de pino y una silla de paja.
Un libro tengo también.
Y todo mi ajuar se halla en una sala muy amplia
y muy blanca que está en la parte más baja
y más fresca de la casa. Tiene una luz muy clara
esta sala tan amplia y tan blanca…
Una luz muy clara que entra por una ventana
que da a una calle muy ancha.
Y a la luz de esta ventana vengo todas las mañanas.
Aquí me siento sobre mi silla de paja
y venzo las horas largas leyendo en mi libro y viendo
cómo pasa la gente al través de la ventana.
Cosas de poca importancia
parecen un libro y el cristal de una ventana
en un pueblo de la Alcarria,
y, sin embargo, le basta
para sentir todo el ritmo de la vida a mi alma.
Que todo el ritmo del mundo por estos cristales pasa
ese pastor que va detrás de las cabras
con una enorme cayada,
esa mujer agobiada
con una carga de leña en la espalda,
esos mendigos que vienen
arrastrando sus miserias de Pastrana,
y esa niña que va a la escuela de tan mala gana.
¡Oh, esa niña! Hace un alto en mi ventana siempre,
y se queda a los cristales pegada
como si fuera una estampa.
¡Qué gracia tiene su cara en el cristal aplastada
con la barbilla sumida y la naricilla chata!
Yo me río mucho mirándola
y la digo que es una niña muy guapa…
Ella entonces me llama ¡tonto!, y se marcha.
¡Pobre niña! Ya no pasa por esta calle tan ancha
caminando hacia la escuela de mala gana,
ni se para en mi ventana,
ni se queda a los cristales pegada
como si fuera una estampa.
Que un día se puso mala, muy mala,
y otro día doblaron por ella a muerto las campanas.
Y en una tarde muy clara, por esta calle tan ancha,
al través de la ventana, vi cómo se la llevaban
en una caja muy blanca… En una caja muy blanca
que tenía un cristalito en la tapa.
Por aquel cristal se la veía la cara
lo mismo que cuando estaba
pegadita al cristal de mi ventana…
Al cristal de esta ventana
que ahora me recuerda siempre
el cristalito de aquella caja tan blanca.
Todo el ritmo de la vida pasa
por este cristal de mi ventana…
Y la muerte también pasa…

¡Qué lástima!
Que no pudiendo cantar otras hazañas,
porque no tengo una patria,
ni una tierra provinciana,
ni una casa solariega y blasonada,
ni el retrato de un mi abuelo
que ganara una batalla,
ni un sillón viejo de cuero,
ni una mesa, ni una espada,
y soy un paria que apenas tiene una capa…
venga forzado a cantar, cosas de poca importancia!

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