Hay algo sencillo y, sin embargo, cada vez más raro: conversar. Sentarse frente a otro, mirarlo a los ojos, escuchar de verdad y decir lo que uno piensa, lo que uno siente.
En tiempos en que buena parte de lo que nos decimos pasa por pantallas, emojis y mensajes apurados, la conversación cara a cara, o para decirlo en términos radiales, conversar en vivo y en directo, parece haberse vuelto casi un lujo.
Pero hablar —de verdad— sigue siendo una de las formas más profundas de encontrarnos con los demás. En una conversación no solo circulan palabras: circulan silencios, gestos, miradas, dudas, matices. Cosas que ningún teclado logra traducir del todo.
En este EPISODIO de La tercera orilla queremos detenernos justamente ahí: en el valor de conversar. En la importancia de animarnos a decir lo que pensamos, a preguntar, a escuchar, a discrepar incluso, pero siempre desde la cercanía humana que solo se da cuando dos personas se encuentran.
Tal vez no se trate de renunciar a las nuevas formas de comunicación —que también tienen su lugar—, sino de recordar algo esencial: que ninguna tecnología puede reemplazar la experiencia de sentarse frente a otro y hablar.
Porque, al final, muchas de las cosas importantes de la vida empiezan —o se arreglan— conversando.

El libro El arte de la conversación literaria de Raquel F. Cobo se despliega como un recorrido reflexivo por la historia y el sentido profundo del diálogo entre las personas. La autora parte de una idea sencilla pero poderosa: antes de que existiera la literatura escrita, ya existía la conversación, y en ella estaba contenida toda la esencia de lo que hoy entendemos como creación literaria.
A lo largo del libro, Cobo nos invita a detenernos en ese acto cotidiano de hablar con otros, para descubrir que no es algo trivial, sino un espacio donde se construyen pensamientos, emociones y vínculos. La conversación aparece como un territorio compartido en el que dos o más voces se encuentran, se transforman y generan algo nuevo. No se trata solo de intercambiar palabras, sino de abrirse al otro, de escuchar y de dejarse afectar.
La autora recorre distintas formas en las que la conversación ha tomado cuerpo en la literatura: desde los diálogos filosóficos hasta las cartas, los diarios y las tertulias. En todas ellas late la misma necesidad humana de comprender y ser comprendido. A través de ejemplos de grandes escritores, muestra cómo muchas obras nacen precisamente de ese impulso de dialogar, incluso cuando el interlocutor es imaginario o está ausente.
Poco a poco, el ensayo se convierte también en una defensa de la conversación como forma de relación humana. Conversar es, para Cobo, un acto de cuidado, casi de resistencia en un mundo que favorece la prisa y la superficialidad. En la conversación auténtica hay tiempo, atención y respeto por la palabra del otro.

El libro termina dejando una sensación clara: la conversación no solo está en el origen de la literatura, sino que sigue siendo una de las formas más profundas de conexión entre las personas. En ella no solo se cuentan historias, sino que se construyen.
Escuchamos la conversación que mantuvo Jaime con la autora, Raquel F. Cobo, en su programa Sábado Sarandí
MAPA CULTURAL
En algún momento, muchos imaginamos a Uruguay como un país profundamente lector. Tal vez por su escala —cercana, abarcable—, por una historia cultural rica desde sus inicios o por la cantidad de escritores que ha dado, se instaló esa idea casi intuitiva de una sociedad donde leer formaba parte de lo cotidiano. Cafés, libros, conversaciones largas. Una imagen quizá algo romántica, pero no del todo improbable.

Sin embargo, cuando uno se detiene a observar los datos actuales, esa percepción empieza a resquebrajarse. Hoy, poco más de la mitad de los uruguayos —un 52,4%— afirma haber leído al menos un libro en el último año. Es decir, casi la otra mitad no lo hizo. Y ese dato, por sí solo, ya obliga a revisar aquella imagen tan instalada.
Pero lo más revelador no es solo cuánto se lee, sino cómo se distribuye la lectura. Porque ahí aparece una realidad más desigual: leen más las mujeres que los hombres, más los jóvenes que los mayores, y el nivel educativo influye de manera decisiva. La lectura, lejos de ser un hábito compartido de forma homogénea, parece concentrarse en determinados sectores. Y en ese desplazamiento, deja de percibirse como una característica “del país” para convertirse en una práctica más situada, más fragmentada.
Incluso entre quienes leen, la intensidad es moderada: la mayoría no supera entre uno y tres libros al año. La lectura no ha desaparecido, pero claramente ha perdido centralidad en la vida cotidiana.
Ahora bien, al ampliar la mirada, esta transformación deja de parecer exclusivamente uruguaya. En España, por ejemplo, los niveles de lectura son más altos, pero la lógica se repite: también allí leen más las mujeres, más los jóvenes y más quienes tienen mayor nivel educativo. Cambia el volumen, pero no el patrón.

Y es en ese punto donde la reflexión se vuelve más interesante. Ya no se trata de una “crisis” local, sino de una transformación más amplia. La lectura sigue existiendo, pero ya no ocupa ese lugar extendido y compartido de antes. Es más desigual, más dependiente de las condiciones de cada persona y, al mismo tiempo, más vulnerable frente a todas las otras formas de consumo que compiten por nuestro tiempo.
En ese contexto es donde cobra sentido lo que propone La Tercera Orilla. El podcast nace, en el fondo, como una respuesta a ese escenario: un intento de recuperar el tiempo de la lectura desde otro lugar. No como obligación, sino como compañía. No como hábito impuesto, sino como elección.
Un espacio cercano, casi íntimo, que se parece más a una conversación entre amigos que a un análisis formal. Porque no se trata solo de hablar de libros, sino de pensar en los hábitos que nos sostienen, en esas pequeñas decisiones cotidianas que hacen que leamos más —o menos— sin darnos cuenta.
Quizá la clave no esté en sostener la idea de un “país lector”, sino en algo más sencillo y, a la vez, más desafiante: devolverle a la lectura un lugar significativo en la vida de cada uno. Aunque sea de a poco. Aunque sea por momentos. Aunque sea, simplemente, como una pausa compartida.
MESA DELICATESSEN
En la nota que escribe Jaime para Delicatessen.uy sobre el libro Los soreentinos, de Virginia Higa, y que titula Cuando un plato de pasta se vuelve novela, dice:
Los sorrentinos funciona como una especie de caja de recuerdos. Un intento de ordenar historias que durante años circularon en la memoria familiar. La autora toma esas voces, les suma imaginación, las acomoda en el relato y construye una narración que se mueve en ese territorio siempre difuso entre lo que realmente ocurrió y lo que se recuerda que ocurrió.
La nota completa aquí

BOTELLA AL MAR
Nuestra Botella al mar es una frase de Winston Churchill, político británico especialmente recordado por su mandato como primer ministro (1940-45) durante la Segunda Guerra Mundial: con su divisa «sangre, sudor y lágrimas», logró elevar la moral de las tropas y de la población civil y sostener la nación hasta la victoria aliada.
“El problema de nuestra época consiste en que los hombres no quieren ser útiles, sino importantes” Winston Churchill.
A lo largo de su brillante carrera, Winston Churchill fue sucesivamente el hombre más popular y el más criticado de Inglaterra, y a veces ambas cosas al mismo tiempo. Considerado el último de los grandes estadistas, siempre será recordado por su rara habilidad para predecir los acontecimientos futuros, lo que en ocasiones se convirtió en una pesada carga para sus compatriotas.

Durante años, Churchill fue algo así como la voz de la conciencia de su país, una voz que sacudía los espíritus y les insuflaba grandes dosis de energía y valor. Su genio polifacético, además de llevarlo a conquistar la inmortalidad en el mundo de la política, lo hizo destacar como historiador, biógrafo, orador, corresponsal de guerra y bebedor de coñac, y en un plano más modesto como pintor, albañil, novelista, aviador, jugador de polo, soldado y propietario de caballerías.
Pesía de Efi Cubero
Efi Cubero es una de esas voces que parecen haber nacido despacio, como si cada palabra necesitara tiempo para encontrar su lugar exacto en el mundo. Nacida en Granja de Torrehermosa (Badajoz) en 1949, su vida ha estado siempre atravesada por la literatura, el arte y una mirada profundamente humana hacia la realidad.
Desde muy joven se formó en Historia del Arte, Lengua y Literatura en Barcelona, ciudad donde creció y donde empezó a construir ese universo interior que más tarde se convertiría en poesía. Pero, aunque viviera lejos, su raíz extremeña nunca dejó de acompañarla: su obra está llena de memoria, de paisaje, de origen, como si escribir fuera también una forma de volver.

Su trayectoria es amplia y silenciosamente sólida. Ha publicado numerosos libros de poesía y ensayo —como Fragmentos de exilio, Punto de apoyo o Solo inclasificable— y ha colaborado en revistas y proyectos culturales en España y América. Sin embargo, más allá de los títulos, lo que realmente define su escritura es su manera de mirar: una búsqueda constante de lo esencial, de aquello que se esconde entre la luz y la sombra, entre lo que se dice y lo que se calla.
La poesía de Efi Cubero es íntima y reflexiva, pero también abierta y generosa. En ella conviven la memoria, el amor, la pérdida, el paso del tiempo… y una especie de fe en la palabra como lugar de encuentro con la verdad. Sus versos no buscan imponerse, sino acompañar; no explican el mundo, sino que lo iluminan suavemente, como quien enciende una luz en mitad de la incertidumbre.
Quienes la conocen o la leen suelen coincidir en algo: su escritura nace de la honestidad. Es una voz sin artificios, que trabaja desde el silencio, desde lo vivido, desde lo profundamente sentido. Una poesía que no hace ruido, pero que permanece.
En el fondo, acercarse a Efi Cubero es encontrarse con una forma de entender la literatura —y quizá la vida— como un acto de cuidado: hacia las palabras, hacia los otros y hacia ese misterio que somos todas las personas.

Vamos a escuchar uno de sus poemas, titulado La voz, que está recogido en su libro Rizoma, que es el recorrido vital y poético de Efi Cubero. Los poemas, editados e inéditos, han sido reunidos y seleccionados por ella misma, y vienen precedidos por una introducción del profesor y poeta Javier del Prado Biezma.
Escuchamos aquí este poema en la voz de otra mujer poeta, también admirable, Ángela Serna.


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