Leer es una forma de transitar por la vida. Es llegar a un lugar interior en el que nos sentimos seguros.

En cada página, una voz lejana nos toca el hombro y nos dice que hay otra manera de entender el mundo. Y uno avanza, sin prisa -y sería deseable sin pausa- en descubrir esa próxima historia que nos espera.
Los libros nos ordenan, nos aquietan, aunque también nos perturban, enojan y emocionan. Nos devuelven, muchas veces, una dimensión de lo profundo, esa que la urgencia nos hace descuidar. En la lectura hay un ritmo que nos recompone: un latido más lento, un pensamiento que madura, una claridad que llega sin estridencias, una información que no conocemos y la capacidad de tener una mirada crítica sobre lo que nos rodea. Leer nos regala la posibilidad de sacar el pie del acelerador para no ser expulsados por la prisa.
Pero hoy, están los podcasts, como La Tercera Orilla, que nos ocupa, y que se transforma en una prolongación de ese viaje que provocan los libros. Nuestras voces, y otras que se irán sumando, les acompañan, y también pretenden invitarlos a detenerse en la palabra, o en un hábito, o en un gusto, o en un pensamiento, como si fuera una piedra bruta, que merece ser tallada. En las charlas que tenemos en La Tercera Orilla, como en los libros que leemos y compartimos, los relatos y conversaciones que se transforman en la necesidad de pensar con otros, de sentir juntos, de compartir las dudas como una forma natural de la inteligencia. Como decía hace poco en su programa de radio, el escritor Juan José MIllás, “para que el mundo sea un poquito mejor, cada lector, hace su parte, al leer un libro”.
La escucha atenta —esa que nace de dejar que una voz ajena nos envuelva— es una disciplina que debería cultivarse más. Darnos un minuto para escuchar -o leer- a quien no piensa como nosotros, porque esa diferencia nos va a enriquecer. Nos vuelve permeables, más dispuestos a comprender. Y comprender, en estos tiempos fragmentados, es casi un acto de originalidad.
Entre la lectura y la escucha se abre un territorio íntimo: una tercera orilla posible. Un espacio donde las palabras se vuelven refugio y, al mismo tiempo, impulso. Donde uno se encuentra con lo que sabía y con lo que todavía ignora. Donde la memoria se despierta y la imaginación aprende a moverse con mayor libertad. A reir y a llorar.
Quizás no se trate de ser mejores personas en un sentido solemne. Tal vez baste con aprender a mirar con más hondura, a escuchar con más paciencia, a leer sin miedo a que el silencio nos alcance. Tal vez la mejora esté en ese gesto simple: permitir que las palabras —las escritas y las dichas— nos acompañen mientras caminamos. Por eso le llamamos, a nuestros oyentes, caminantes.
Porque leer y escuchar no son hábitos aislados: van juntos, en La Tercera Orilla.
Jaime Clara.
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