Por Inma Rodríguez

El cuento es uno de los géneros literarios más antiguos. Mucho antes de que aprendiéramos a leer, ya escuchábamos historias. Los cuentos han sido una forma de explicar el mundo, transmitir la memoria, despertar la imaginación y compartir aquello que merece ser recordado.

Aunque a menudo se ha considerado un género menor, el cuento tiene una exigencia propia. La novela permite, por lo general, demorarse, abrir caminos y detenerse en los personajes y en los detalles. El cuento, en cambio, suele trabajar con una mayor concentración: cada palabra cuenta y los silencios pueden tener tanto peso como lo que se dice. Desde Edgar Allan Poe hasta Julio Cortázar, distintas reflexiones sobre el género han destacado esa capacidad de concentrar en unas pocas páginas una experiencia literaria completa.

En Cambio de hora, Jaime Clara demuestra conocer bien ese oficio. Sus relatos están construidos desde la contención y la exactitud, pero nunca parecen escritos bajo el peso de una regla. La literatura no está aquí en decirlo todo, sino en saber qué dejar fuera para que quien lee pueda completar el resto.

La escritora Pilar Galán lo resumió durante la presentación del libro en Cáceres con una frase tan sencilla como luminosa: «Escribir un cuento es organizar un mundo en la cabeza». Eso es lo que ocurre en estas páginas. Cada relato levanta un universo propio, con sus personajes, sus reglas y su respiración, y lo hace sin necesidad de explicarnos cómo funciona.

Los cuentos de Cambio de hora hablan de la memoria, del paso del tiempo, de los afectos, de la música y de las relaciones humanas. En ellos hay tristeza y humor, a menudo acompañados de una mirada crítica. Y hay una tensión que recorre el libro: la que existe entre lo que ocurrió y lo que imaginamos que pudo ocurrir, entre la realidad y el deseo, entre aquello que conservamos y aquello que se nos escapa.

Los objetos ocupan un lugar especial. Una fotografía, un disco, un reloj, una carta: cualquier cosa que podría pasar desapercibida en nuestra vida cotidiana puede convertirse aquí en el centro de una historia.

En los cuentos de Jaime Clara conviven la mirada del periodista y la sensibilidad del poeta. Su capacidad de observación le permite reconocer historias en la realidad; su escritura las transforma, las lleva más allá de lo evidente y descubre en ellas una dimensión que no siempre percibimos a primera vista.

También hay un diálogo constante con la propia literatura. Los libros, la escritura, la lectura y el lenguaje aparecen una y otra vez, pero no como referencias destinadas a demostrar cuánto se ha leído. Forman parte natural del mundo de los relatos. La literatura está dentro de ellos porque también forma parte de la vida de quienes los habitan.

Cambio de hora es, además, un libro que invita a descubrir. Recupera personajes, canciones, referencias culturales y fragmentos de memoria que algunas personas lectoras reconocerán y que otras encontrarán por primera vez. La lectura se convierte así en una conversación con otras lecturas, con otras músicas, con otros tiempos. Y ese diálogo amplía también nuestro propio mapa.

Algunos relatos de Cambio de hora siguen trabajando cuando ya hemos pasado de página. Una escena, una frase, un objeto o una historia regresa sin avisar y vuelve a colocarse delante de nosotros. Un buen cuento no necesita ocupar muchas páginas para abrir un mundo y dejarnos allí durante un instante, todavía dentro de lo que acabamos de leer.

Al cerrar el libro…

Al cerrar Cambio de hora, siento admiración por la escritura de Jaime, por su ingenio y su creatividad, por esa capacidad de encontrar una historia en un gesto mínimo, en una canción o en una anécdota; de comprender el momento y convertirlo en un relato que nos conmueve.

Leerlo ha sido descubrir, una vez más, que un cuento puede emocionarnos y atravesarnos la piel.

La crítica ha dicho…

Desde su publicación en España por Velasco Ediciones, Cambio de hora ha despertado el interés de la crítica literaria. Entre las primeras reseñas destaca la publicada por el periodista y crítico William González Guevara en ABC Cultural, bajo el título Cuando la canción se acaba, en la que pone en valor la calidad del conjunto de relatos, la madurez narrativa de Jaime Clara y su sólida aportación a la tradición del cuento.

También ha circulado en redes sociales una lectura cercana y detallada del libro firmada por la escritora Sonia Montero Trenor, difundida a través de su cuenta de Instagram y recogida posteriormente en Delicatessen.uy, donde se subraya la variedad de registros del libro y la capacidad de cada relato para construir universos narrativos propios.


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