Un viaje compartido

Viajar es mucho más que desplazarse de un lugar a otro.

Es cambiar de ritmo. Mirar con más calma. Dejar espacio para que sucedan las conversaciones y para que las personas entren, casi sin darnos cuenta, a formar parte del camino.

Con el tiempo no solemos recordar cuántos kilómetros recorrimos. Recordamos quiénes estaban allí, las palabras compartidas, las librerías que nos acogieron y esa extraña sensación de sentirnos en casa incluso estando lejos.

Eso fue, para nosotros, la gira de Cambio de hora por España, el quinto libro de relatos de Jaime Clara, publicado por Velasco Ediciones.

Durante varios días recorrimos ciudades compartiendo literatura, caricaturas y, sobre todo, encuentros. La primera parada fue en la Librería Atenea de Zafra, un referente cultural de la ciudad desde hace décadas, en un encuentro especialmente entrañable junto a Inma Rodríguez. Fue una presentación marcada por la calidez de la acogida y por la naturalidad de una conversación entre dos amigos que, después de mucho tiempo, volvían a compartir mesa y palabras ante lectores y lectoras.

Después llegó la Librería l’Alondra de Cáceres, donde la escritora Pilar Galán acompañó a Jaime Clara en un diálogo lleno de literatura y complicidad. La siguiente cita tuvo lugar en la Librería Juan Rulfo de Madrid, junto al escritor Miguel Barrero y al editor Cristián Velasco, de Velasco Ediciones. La gira concluyó en la histórica Librería Couceiro de Santiago de Compostela, con la participación de la actriz, narradora oral y escritora Paula Carballeira y de Ramiro Rodríguez, cónsul de Uruguay en Galicia.

En paralelo a las presentaciones, Santiago de Compostela acogió la exposición España y Uruguay, cartografía afectiva, instalada en el Antiguo Hospital de San Roque. Una muestra de caricaturas en la que Jaime Clara reúne a escritores, músicos, periodistas, artistas y otras figuras de ambos países para dibujar un mapa construido desde la admiración, el humor y los afectos. Un proyecto que habla de los vínculos culturales entre España y Uruguay y que encuentra en el arte otra forma de tender puentes.

Pero este EPISODIO no pretende ser una crónica de la gira ni un relato cronológico de lo sucedido. Es una conversación. La de dos amigos que compartieron ese viaje y que ahora vuelven a abrir la maleta para detenerse en aquello que no siempre aparece en las fotografías: las personas, las emociones, las palabras compartidas y esos pequeños instantes que, sin hacer ruido, terminan dando sentido a cualquier recorrido.

Volvemos sobre las presentaciones, sobre los encuentros con lectores y lectoras, sobre las ciudades que nos acogieron y sobre todo aquello que fue sucediendo entre una parada y la siguiente. Porque los viajes no se construyen únicamente con destinos. También con las conversaciones que nacen en el camino.

Quizá, al terminar de escuchar este episodio, descubráis que vosotros y vosotras también habéis formado parte de este viaje.

Gracias por seguir transitando La Tercera Orilla.

Cambio de hora, un libro para detener el tiempo

Publicado por Velasco Ediciones, Cambio de hora es el quinto libro de relatos de Jaime Clara y el primero editado en España. Una colección de veintidós cuentos que confirma la madurez de una voz narrativa que ha encontrado en el género breve su territorio natural.

A lo largo de sus páginas, la memoria, la música, el humor, el paso del tiempo, las relaciones humanas y los pequeños acontecimientos cotidianos se convierten en materia literaria. Jaime Clara escribe desde la observación y la precisión, convencido de que un cuento no necesita decirlo todo para dejar una huella profunda en quien lo lee.

Cada relato propone un universo distinto, pero todos comparten una misma manera de mirar el mundo: descubrir que lo extraordinario suele esconderse en aquello que parece más común. Hay historias que parten de un objeto, de una canción, de una conversación o de un recuerdo. Otras juegan con la frontera entre la realidad y la imaginación. Todas invitan al lector a completar el viaje con su propia experiencia.

Durante la gira por España, Cambio de hora fue presentado en Zafra, Cáceres, Madrid y Santiago de Compostela. En cada encuentro, el libro dejó de ser únicamente un conjunto de relatos para convertirse en un espacio de conversación con lectores y lectoras. Porque, como ocurre con los buenos cuentos, las historias no terminan cuando se cierra el libro: continúan cada vez que alguien vuelve a contarlas.

Quienes deseen profundizar en el libro encontrarán, al final de este artículo, un nuevo Cuaderno de lectura, donde Inma Rodríguez comparte una lectura personal de Cambio de hora y reflexiona sobre el cuento como uno de los géneros más exigentes y precisos de la literatura.

España y Uruguay, cartografía afectiva: un mapa dibujado desde los afectos

Mientras Cambio de hora encontraba nuevos lectores en las librerías españolas, otro proyecto de Jaime Clara invitaba a detener la mirada desde un lenguaje diferente: la caricatura.

El Antiguo Hospital de San Roque, en Santiago de Compostela, acogió la exposición España y Uruguay, cartografía afectiva, una muestra integrada por cuarenta caricaturas que propone un recorrido por los vínculos culturales entre Galicia, España y Uruguay. Más que una colección de retratos, es un mapa construido a partir de la memoria, la creación y los afectos compartidos.

En el texto que acompaña la exposición, Jaime Clara define así el punto de partida del proyecto: «Toda caricatura es una forma de mirar. Y mirar, en el fondo, es elegir qué contar.» Esa idea atraviesa toda la muestra. La caricatura deja de ser una deformación humorística para convertirse en una forma de lectura del mundo, una manera de interpretar la realidad desde el trazo.

Como él mismo escribe, «la caricatura exagera, deforma, juega. Pero no es un simple gesto humorístico. Es una forma de lectura del mundo.» En ese gesto hay humor, pero también observación, síntesis y reconocimiento. Cada dibujo busca revelar algo esencial del personaje retratado: un gesto, una mirada, una manera de estar en el mundo.

Desde su mirada de periodista, Jaime Clara traslada a la caricatura la misma actitud que ha guiado su trabajo durante décadas: la búsqueda del detalle significativo. Por eso, como él mismo señala, «cada dibujo termina siendo una pequeña biografía visual.» No se trata de deformar, sino de interpretar.

La exposición reúne a escritores, escritoras, músicos, pensadores, cineastas y creadores que, desde Galicia, España, Uruguay y otros territorios culturales, forman parte de una red de afinidades compartidas. Galicia aparece aquí como un puente histórico y emocional entre Europa y América, un espacio donde las historias de ida y vuelta han dejado una huella profunda.

La muestra tuvo su origen en Montevideo, donde fue presentada en el Patronato da Cultura Galega, y continuó su recorrido por distintos espacios de España hasta llegar a Santiago de Compostela, una ciudad donde este diálogo cultural adquiere una resonancia especial. En este trayecto, la exposición ha ido sumando capas de significado, como si cada lugar añadiera una nueva lectura al conjunto.

En un tiempo en el que las imágenes pasan con rapidez y apenas dejan huella, esta propuesta invita a lo contrario: detenerse. Mirar de nuevo. Reconocer a quienes creemos conocer y descubrir en ellos algo distinto. «En un tiempo donde las imágenes pasan demasiado rápido, la caricatura propone algo distinto: detenerse. Mirar de nuevo.»

Ese es el espíritu de esta exposición: un mapa hecho de rostros donde la cultura, la memoria y el humor se cruzan continuamente. Un territorio en el que España y Uruguay no aparecen como dos extremos separados, sino como dos orillas que siguen encontrándose a través de la creación.

Cuaderno de lectura

Cambio de hora: el arte de la precisión

Por Inma Rodríguez

El cuento es, probablemente, el género literario más antiguo que existe. Mucho antes de que aprendiéramos a leer, ya escuchábamos historias. Los cuentos fueron la primera forma de explicar el mundo, de transmitir la memoria, de despertar la imaginación y de compartir aquello que merecía ser recordado.

Sin embargo, durante mucho tiempo se le ha considerado un género menor. Una idea profundamente injusta. Porque si la novela permite demorarse, el cuento exige precisión. Cada palabra cuenta. Cada silencio también. No hay espacio para lo superfluo. Como defendieron grandes maestros del género, desde Edgar Allan Poe hasta Julio Cortázar, un buen cuento aspira a producir un efecto único y nada puede sobrar sin poner en riesgo ese delicado equilibrio.

En Cambio de hora, Jaime Clara demuestra un profundo conocimiento de ese oficio. Sus relatos son un ejercicio de contención y de exactitud. Están escritos desde la convicción de que la literatura no consiste en decirlo todo, sino en encontrar las palabras justas para sugerir mucho más de lo que aparece escrito.

La escritora Pilar Galán lo resumió durante la presentación del libro en Cáceres con una frase tan sencilla como luminosa: «Escribir un cuento es organizar un mundo en la cabeza.» Y eso es precisamente lo que ocurre en estas páginas. Cada relato posee un universo propio, con sus reglas, sus personajes y su respiración.

Los cuentos de Cambio de hora hablan de la memoria, del paso del tiempo, de los afectos, de la música y de las relaciones humanas. Hay tristeza, sí, porque también hay mucha vida. Hay humor, aunque casi siempre aparezca teñido de una mirada crítica. Hay una tensión constante entre la realidad y el deseo, entre lo que fue y lo que pudo haber sido.

También hay un diálogo permanente con la propia literatura. Los libros, la escritura, la lectura y el lenguaje aparecen una y otra vez como si formaran parte de un mismo territorio. La metaliteratura no es aquí un recurso intelectual, sino una manera de reivindicar el poder de las historias y el papel insustituible de quienes las leen.

Resulta igualmente fascinante la importancia que adquieren los objetos. Una fotografía, un disco, un reloj, una carta o cualquier elemento cotidiano puede convertirse en el verdadero motor de un relato. Jaime Clara posee esa rara capacidad de transformar lo aparentemente común en materia literaria, de detener la mirada allí donde otros pasarían de largo.

Quizá en esa mirada se encuentren también el periodista y el poeta. El periodista que observa con atención la realidad y sabe reconocer el detalle significativo. El poeta que comprende que el lenguaje no solo sirve para contar, sino también para sugerir, emocionar y abrir preguntas. En algunos relatos, incluso, la prosa se acerca por momentos al ritmo y a la respiración de la poesía sin perder nunca su condición narrativa.

Cambio de hora es, además, un libro que invita a aprender. No desde la voluntad de enseñar, sino desde el placer del descubrimiento. Recupera personajes, canciones, referencias culturales y fragmentos de memoria que muchos lectores reconocerán y otros encontrarán por primera vez. Leerlo es también una forma de ampliar el mapa de nuestras propias lecturas.

Julio Cortázar escribió que de los grandes cuentos el lector sale transformado, como quien regresa lentamente de una experiencia intensa y necesita unos instantes para volver a reconocer el mundo que le rodea. Esa sensación aparece una y otra vez al cerrar los relatos de Cambio de hora. No porque busquen deslumbrar, sino porque permanecen.

Y esa es, quizá, la mejor medida de un buen libro de cuentos: que termina en la página, pero continúa mucho tiempo después en la memoria del lector.

La crítica ha dicho…

Desde su publicación en España por Velasco Ediciones, Cambio de hora ha despertado el interés de la crítica literaria. Entre las primeras reseñas destaca la publicada por el periodista y crítico William González Guevara en ABC Cultural, bajo el título Cuando la canción se acaba, en la que pone en valor la calidad del conjunto de relatos, la madurez narrativa de Jaime Clara y su sólida aportación a la tradición del cuento.

También ha circulado en redes sociales una lectura cercana y detallada del libro firmada por la escritora Sonia Montero Trenor, difundida a través de su cuenta de Instagram y recogida posteriormente en Delicatessen.uy, donde se subraya la variedad de registros del libro y la capacidad de cada relato para construir universos narrativos propios.

Al cerrar el libro…

He vuelto a pensar que escribir un buen cuento es, probablemente, uno de los ejercicios más difíciles de la literatura. Exige renunciar a todo lo que sobra para dejar únicamente lo esencial. Precisión, ritmo, silencio y una profunda confianza en quien lee.

Al cerrar Cambio de hora me queda la sensación de haber recorrido muchos mundos en muy pocas páginas. Y también la certeza de que los buenos cuentos no terminan cuando acaba la lectura. Permanecen. Regresan de vez en cuando. Nos acompañan.

Quizá esa sea la verdadera medida de un libro: la huella que deja mucho después de haberlo cerrado.


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